"Te cuentan mis pestañas..."

Las 15 lecciones del 2014.

Creo que ya es hora de hacer balance. Si queremos aprender, tenemos que reflexionar sobre lo que la vida nos da y lo que la vida nos quita. Maldito debe. Siempre insuficiente haber.

Éste año comenzó como cualquier otro, entre amigos y esperanzas de cambio. Rezando para que llegara la gran sacudida que desordenara mi vida y que por fin hiciera que las piezas del puzzle encajaran. Quería por encima de todas las cosas que éste de verdad fuera mi año. Y lo ha sido.


Aquí os dejo las 14 grandes lecciones que he aprendido éste año:

1: Quiérete como eres:

Resulta muy aburrido escuchar a las mujeres quejarse de si mismas en bucle. “Ojalá fuera más delgada” “Ojalá tuviera menos tripa“. Todas y cada una de nosotras somos geniales, y hasta que no os lo creáis de verdad, no estaréis agusto con vosotras mismas y seréis plenamente felices. Si no te quieres tú, nadie lo hará por ti.

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2: Tus amigos siguen siendo los de siempre: 

Todos tenemos amigos por los que daríamos la mano derecha (y la izquierda también si fuera necesario). Esos amigos que se recorren el mundo de aeropuerto en aeropuerto sólo para verte. Esos de los que te sientes tremendamente orgulloso cuando consiguen sus grandes metas, y das gracias por haber crecido a su lado. Esos en los que ahora mismo estás pensando. Estar con ellos es estar en casa. No los pierdas.

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3: Los errores no existen:

Enamorate de tus errores y no renuncies a la deliciosa libertad de equivocarte. Lo que tú llamas errores, son en realidad increíbles lecciones que nos da la vida. ¿Imaginas cómo seríamos si nunca nos hubiéramos equivocado? ¿Si nunca hubiésemos cometido ningún error? Yo no querría vivir en un mundo así, sería horriblemente aburrido.

Testea la vida. Asume el fallo y aprende de él. Da gracias a todos tus errores por haberte enseñado lo que quieres en la vida, y lo que es aun más importante…lo que no quieres.

Los errores no existen. Las lecciones sí.

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4: Sigue gastándote el dinero el viajar: 

No gastes el dinero en cosas, gástalo en momentos. No hay mejor inversión que ver el mundo, que descubrir que hay más allá, que salir de tu zona de confort. El mundo tiene rincones maravillosos que tus ojos tienen que ver antes de cerrarse para siempre. No lo dejes para cuando te toque la lotería. No lo dejes para cuando tengas más tiempo libre. No lo dejes para cuando tengas alguien que te acompañe. No lo dejes. No hay excusas.

Simplemente vuela.

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5: Si algo te hace feliz, repitelo: 

¿Cuantas veces hemos pensado que lo que hacemos es una pérdida de tiempo? ¿Cuantas señales necesitamos para darnos cuenta de que vida sólo hay una? El tiempo galopa y no puedes dejarlo pasar mientras dedicas tu vida y tu tiempo a ser infeliz. Si algo te gusta, hazlo. Si algo te apasiona, repítelo. Si algo te hace infeliz…déjalo.

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6: Mídete con los grandes:

Vince Lombardi decía “mídete con los grandes y serás un grande”.

Éste año he tenido la increíble suerte de poder medirme con personas que van mucho más allá de ser grandes. Personas que simplemente siguieron sus sueños y que no temieron dónde les fueran a llevar. Gente inspiradora, gente creativa, gente con ganas de crecer, de aprender y de emprender, de hacerse grande, de comerse el puto mundo por los pies, de hablar con quien sea y mover las montañas que hagan falta sólo para llevar a cabo sus proyectos y dar vida a sus ideas. Esa es la fuerza que mueve el mundo.

Busca a todas esas personas que llegaron lejos pensando como piensas tú, escucha lo que dicen y todo lo que aprendas mejorará tu universo. Desde aquí gracias una vez más a tod@s aquellos genios que hacían de sus días mi inspiración.

“Mídete con los grandes y serás un grande. Mídete con los mejores porque sólo así mejorarás.”

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7: Haz una cosa al día que te de miedo:

“Do one thing every day that scares you” que decía Roosevelt. Y cuanta razón tenía…

Pon a prueba tus límites y enfréntate a tus miedos. Cuanto más escalones subas, mayores serán tus logros. El miedo es una respuesta natural ante una situación de peligro, por lo que el temor ante determinadas situaciones no desaparecerá nunca de tu vida. Eso sí, cuantas más veces te enfrentes a él, más divertido y tentador te resultará. “Test yourself”

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10: Si algo te hace daño, dilo:

¿Es posible que el dolor se acumule pero la felicidad no? No lo sé, puede. Lo que tengo claro es que si algo te duele, algo te hace daño, dilo antes de que esa sensación se enquiste y la herida sea incurable.

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12: Come bien:

Querida Yo del pasado: A tí, que adoras el roce de la carne cruda en tus colmillos, que te encanta el olor del entrecot cuando lo pones un segundo en la sartén para que sólo esté hecho por fuera y sangrante por dentro, que no puedes vivir sin el jamón…ahora eres vegetariana. Te jodes.

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13: La realidad es la que es:

Esto es algo que parece muy simple, pero que no lo es. Todos modificamos la realidad de alguna forma, ya sea para que nos duela menos, o simplemente porque es mucho más cómodo vivir en un universo paralelo hecho a nuestra medida. La fragilidad no es un defecto, pero es una cualidad a mejorar. A veces es mejor dejar de rebelarse contra el mundo y en algunos casos, aceptarlo tal y como es. Sólo entonces, podremos enfrentarnos a nuestras flaquezas y transformarlas en nuestros puntos fuertes.

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14: La muerte no da miedo: 

Hace poco mi abuela me dio una lección que jamás se borrará de mi mente. Estuvo en el hospital, muy grave, y tras la operación, al cabo de un par de días, mientras estaba recostada en la cama, limándose las uñas con una tranquilidad espectacular me dijo: ” Hija, tienes que entender que yo no estaré aquí para siempre. Esto es algo natural.”

Ya! Es muy obvio, todos nos morimos. La teoría me la se y de la práctica me llegan noticias…pero en ese momento simplemente lo entendí. Lo interioricé. La vida llega hasta donde llega, y ya. Esto es lo que hay. “La realidad es la que es.”

Aceptar con tranquilidad y paz interior que el momento de morir llegará antes o después es una maravillosa lección que no podría olvidar aunque quisiera.

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15: La perfección no existe:

De vez en cuando me quedo pillada. Me cuesta muchísimo tomar decisiones porque intento desesperadamente elegir la opción perfecta. La opción que no cause problemas, la que no tenga inconvenientes. A veces le doy vueltas a las cosas hasta que pierdo la perspectiva. Me he pasado la vida buscando la perfección absoluta, y lo que he conseguido es ponerme metas inalcanzables a las que obviamente, no puedo llegar. Mal. “La realidad es la que es”: La perfección no existe.

No busques la opción perfecta, no busques el amor de cuento, no busques el trabajo sin esfuerzo, no busques la vida sin problemas, no busques adelgazar sin comer, no busques aprender sin estudiar…porque no existe.

A veces, cuanto más queremos mejorar las cosas con la intención de rozar la perfección, más nos alejamos de ella.

Acepta la vida tal y como es, disfrútala. Lucha por ser mejor cada día, pero sin olvidar que lo divertido del viaje es el camino, y no siempre encontrar una meta perfecta.

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Ravé.

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El infierno a cuentagotas

Ese momento.

La vida está llena de momentos. Momentos cortos. Momentos fugaces. Momentos que mueren incluso antes de nacer…

Esos momentos en los que tu cuerpo pide salir corriendo, literalmente, y parar sólo cuando veas el mar. Momentos en los que te sientas a escuchar música y las notas te destrozan las venas. Te colorean la sangre, y ya no es roja, es de un millón de colores. Momentos que son un huracán de emoción que lo arrasa todo sin dejar supervivientes.

Esos momentos en los que mi voz sabe a tu nombre. Momentos en los que caigo al suelo rogando a Dios que detenga el tiempo para nosotros.

Pero cuidado, yo no quiero un vida larga y plena. No quiero un amor eterno (y mucho menos civilizado). No quiero que mis huesos descansen toda la eternidad junto a los tuyos.

No quiero que mis huesos descansen nunca en ningún sitio, puestos a pedir.

Lo que quiero es coincidir contigo en un punto en mitad de la eternidad, y paladearlo como si fuera chocolate denso, caliente y dulce. Quiero que si mañana muero, lo último que haya visto sean tus manos y lo último que haya sentido sean tus besos.

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Me levanto a tu lado y me enfado con la noche por haber terminado tan deprisa. Quedan demasiadas horas para volver bajo las mismas sábanas. Y la tristeza me acompaña hasta que vuelves tú.

Maldito tiempo, que todo me lo quita y todo me lo da. Le odio y le amo casi tanto como a ti.

 

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Saca el ‘lobo comunicativo’ que llevas dentro

El blog de NATALIA SARA

Reglas de persuasión con ‘El Lobo de Wall Street’

Mejora tus habilidades de comunicación para vender como Jordan Belfort

Reglas de persuasión con ‘El Lobo de Wall Street’.  Mejora tus habilidades de comunicación para vender como Jordan Belfort . Leonardo Di Caprio interpreta a Jordan Belfort en “El lobo de Wall Street”, de Martin Scorsese.

“Véndeme este boli”. ¿Cómo lo harías? ¿Qué me dirías para convencerme de comprarlo? Todos somos vendedores, aunque creamos lo contrario. Continuamente en nuestra profesión –sea la que sea- y en nuestra vida diaria estamos ejerciendo la venta de nuestra actividad, de nuestras opiniones. Continuamente nos relacionamos con personas para lo cual tenemos que poner en marcha la maquinaria denuestras habilidades de comunicación, de nuestra persuasión y carisma; más aún, si nuestro trabajo está ligado a la dirección de personas y equipos. La última película de Martín Scorsese, “El lobo de Walt Street”, la historia real del corredor de bolsa Jordan Belfort, puede verse desde la óptica de una clase magistral de…

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Depresión post-Erasmus: ¿mito o realidad?

Reflejos de lo que sentimos.

Mi experiencia Erasmus en Oslo

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      La experiencia Erasmus ha terminado. Hoy hace tres meses que volví a casa y cada día que he pasado aquí no he podido dejar de pensar en la idílica vida que he tenido durante un año. Todo el mundo te cuenta que el Erasmus es la experiencia más alucinante de su vida, pero nadie te cuenta lo duro que se te hace cuando termina. Y creo que, en mayor o menor medida, es algo que nos ha pasado a todos los que hemos vuelto de Erasmus.

      Recuerdo la última semana en Oslo, con un frío de cojones, y los pocos que quedábamos por allí. Aún nos dio tiempo a hacer una última aventura esa semana: el último crucero a Copenhague, con Miguel y Jose. Por aquella época todos estábamos liados haciendo mudanzas, arreglando los últimos papeles con la universidad…

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¿Por qué somos mortales?

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Ya está aquí la primavera, el calor y el pensar más de la cuenta; no se bien si consecuencia de que se me altera la sangre o de que me hago mayor.

Uno de mis amigos siempre me decía, “¿Qué te he dicho de pensar? No pienses!” Y razón no le faltaba, pensar muy es malo…o quizás no? Pensando llegas a grandes conclusiones.

Estos días vi algo que me resultó revelador…cuando iba conduciendo de camino a casa, vi un coche fúnebre con inquilino incluido y pensé: “Joder que triste que tu último viaje en coche sea por los túneles de la M-30.”

 

Y de golpe caí: ¿Y si le estamos dando demasiada importancia a la vida?

 

Crecemos pensando que tenemos que sacar buenas notas para poder llegar a ser “alguien”, que tenemos que conseguir un buen trabajo para poder tener un buen sueldo, una buena casa, unas buenas vacaciones…y nos acabamos dejando llevar por esa espiral que nos arrastra por inercia hacia una vida en la que llegas a casa odiando al gilipollas de tu jefe.

 

¿Y si todo eso realmente no importa? Nuestro último viaje en coche será insulso, absurdamente normal y burdo. Por la M30.

 

Quizás este ritmo de vida nos está absorbiendo hasta dejarnos ciegos. Tengo la firme convicción de que se nos está olvidando que nuestra vida es pequeña y corta, muy corta.

 

Sitúate: Llegas a casa de trabajar, agotada, esperando que nadie te de demasiado el coñazo. Quieres cenar tranquila, pero algo que no engorde, porque claro, estás en plena operación biquini, y aunque te encantaría zamparte una pizza o un enorme Cola Cao con galletas, decides tomarte un sándwich de pavo y un triste yogur. ¿Y si a la mañana siguiente te mueres? Tu última cena será una mierda que decidiste tomar sólo para estar más delgada, porque es lo que las revistas te dicen que tienes que hacer, y tu último viaje en coche será por la carretera por dónde ibas todas las mañanas a trabajar. Pregúntate: ¿Has vivido lo suficiente? ¿Has paladeado suficientemente tu vida?

 

Vuelve a situarte: Llueve, coges el coche. Atasco. “Llego tarde fijo, mierda.” Corres, adelantas a todos los idiotas que parecen ralentizarse los días lluviosos. Les gritas, les odias, te aborrecen. Casualidades del destino, te chocas y mueres. Tu última mañana en la tierra la has pasado agobiado porque llegabas tarde a no se dónde, gritando a gente que odia tanto estar en ése atasco como tú. ¿En serio has disfrutado de tu último día aquí? No lo has hecho colega. Y no hay segunda oportunidad.

 

¿Habéis caído en la cuenta de que cualquier momento puede ser vuestro último momento?

 

Y si hoy es vuestra última noche aquí, ¿en serio vais a cenar un suspiro sólo para encajar en un mundo que no os echará de menos?

 

Ver las cosas desde otra perspectiva puede cambiar tu visión del mundo. Éste juego de la vida se acabará, ahora, mañana o dentro de 100 años, pero ten por seguro que lo hará.

 

Vive todo lo que puedas, con todas las ganas posibles.

 

Quiérete como eres, ve a la cocina y comete una cucharada de dulce de leche. Disfrútalo.

 

Ama con fuerza, con toda la que puedas, todos los días posibles.

 

Si llegas tarde al trabajo no corras, que más da, sólo es un trabajo. Recuerda que vas allí todas las mañanas porque trabajas para poder vivir, y no al revés.

 

No evites llorar, y nunca dejes de reír.

 

Haz lo que te gusta, día a día, porque si tu último día llega, lo habrás pasado siendo feliz.

 

Relativiza, porque los problemas a los que damos vueltas durante horas, en realidad, no son tan importantes, ni tan grandes, y si lo son, pensar en ellos constantemente no sirve de nada. Preocuparse es como una mecedora, te entretiene pero no te lleva a ninguna parte.

 

Somos mortales porque vivir 100 años no tendría gracia, si éste juego no tuviera el riesgo diario de acabarse en cualquier momento, ¿crees que sería tan divertido?

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Algunos hombres buenos.

Me apetece reflexionar sobre esa droga, causa y a la vez solución de todos nuestros problemas: el amor.

Sorpresa, soy una enamoradiza patológica, pero bueno, me quiero como soy. Me encantan los hombres y lo que nos dan. Esas mariposas en el estómago, ese beso en el portal, esas cenas a solas…soy una yonki de ir de la mano con Él. Lo confieso.

Creo que es buen momento para daros unas cuantas pistas de lo que nos gusta de los hombres, idea que he robado de un post magnífico que he leído hace poco…

Con ésto pretendo ayudar a esa porción, buena porción, de hombres geniales. Mujeres del mundo, aún quedan hombres buenos! Yo los conozco! De esos que te acompañan de compras y te invitan a desayunar los domingos por la mañana. Existen. Sí.

Pretendo disolver así ese mito de que no sabéis lo que nos gusta ni lo que queremos, que somos muy difíciles. Bueno, eso es cierto, somos complicadas de cojones, pero forma parte de nuestro encanto…

Así que todos atentos que aquí van las claves para enamorar a una mujer:

  1. Cuando conoces a una chica en un bar, o en la discoteca a la que has decidido ir con tus colegas, déjate de frases del estilo “No nos conocemos”. Obviamente que no nos conocemos…Ni nos vamos a conocer. ¡Dónde quedó el “Hola, te puedo invitar a una copa?”! Las frases manidas para ligar son mal.
  2. Donde esté un chico natural, educado y simpático que se quite todo. En serio, no queremos un tío que se nos acerque fingiendo ser el Rey de Mundo, porque todos en el garito sabemos que no lo es.
  3. Los tíos inseguros huelen a kilómetros. No sólo sus litros de colonia del Hollister, que también huele a kilómetros, sino esa inseguridad que le hace ser presa fácil de la crueldad del grupo de tías a las que entra…Adoramos la seguridad en sí mismos que tiene los hombres de verdad.
  4. A ver, hombres del mundo, esto quizá suponga una revelación, pero sujetaos los machos porque ahí va: LOS HOMBRES NO LLEVAN ESCOTE. Que será lo siguiente, camisetas con cuello barco para que marquéis pectorales? En serio, no.
  5. La forma de vestir es importante, pensad que es como la portada de un buen libro. Los pantalones de colores y los jerséis anudados en los hombros, a no ser que tengas reunión en Génova, también es mal. No nos gusta saber a que partido votáis nada más veros. La intriga también nos mola…
  6. Nos vuelven locas los hombres que nos invitan a cenar, es un hecho. Si es que en cuanto os lo curráis un poquito se nos cae la baba… Así de paso nos emborracháis un pelín, que eso siempre nos hace quereros con más ganas.
  7. Somos mujeres, y a todas nos encanta hablar tanto como nos gusta un buen brownie de postre. Atentos porque ésta parte es fundamental, no la caguéis aquí porque quien se quedará sin postre seréis vosotros. Las pelis buenas, los lugares que queremos visitar o lo absurdo que ha sido leer “50 Sombras de Grey” siempre son buenos temas de conversación. Hablar de música también nos vuelve locas, esto es así.
  8. Nunca, jamás, habléis por WhatsApp mientras esteís cenando, y eso va para las dos partes.
  9. Nos encanta ir de la mano y que de pronto, sin venir a cuento, en mitad de la calle, se paren a besarnos. En ese momento nuestro mundo se detiene para vosotros.
  10. Como ya he comentado, nos encantan los hombres seguros de sí mismos, que se saben geniales. Los tíos así jamás, y digo jamás, se pondrán celosos de tus colegas, ni del camarero cuando te sonríe en el bar de turno, ni de tus compañeros de la universidad, porque saben que con quien te vas a ir esa noche a casa es con él. Saben que ellos ganan la partida.
  11. Cuando salimos de fiesta sin ellos, ese “pásatelo bien con tus amigas” no tiene precio.
  12. Nos gustan los hombres sin sentido del ridículo, los que se sienten libres, los que se sienten vivos. El que dirán jamás importa.
  13. Lo que nos enamora, definitivamente, por encima de todas las cosas, es que nos hagan reír. Ese momento en que sabes que Él entiende tu sentido del humor es el momento clave, en el que te apetece besarle tan fuerte que se le corte la respiración.
  14. La química…ay amigos! la química! Os lo voy a definir: la química es eso que le dice a una mujer “este tío vale la pena”. Lo que significa: “hoy mojas colega”.
  15. Personalmente creo que los hombres, ya sabéis, los hombres de verdad, son siempre generosos en la cama. Te regalan el tiempo que necesitas haciéndote sentir absolutamente única. No van a lo suyo, porque ese concepto para ellos no existe. Te dan lo que necesitas exactamente cuando lo estás pidiendo, porque la química es eso amigos, hacer que la conexión se vuelva animal. Esa noche vamos a romper el suelo y a quebrar el aire, así que prepárate.
  16. Nos encanta que nos abracéis, no sólo después de una noche increíble, sino siempre. Todas las noches. Aunque nuestro pelo se os enrede hasta en las pestañas.
  17. Madrid es grande, muy grande, pasear por sus calles y tomar café en sus baretos nos mola mucho, es un plan barato que os hace quedar muy muy bien.
  18. Decir que estamos guapas es siempre un puntazo a vuestro favor, rara es la mujer a la que no le gusta. Que las habrá, seguro, pero yo no las conozco.

Así podría seguir un buen rato…pero entonces os lo estaría poniendo demasiado fácil.

Espero que os haya servido para entendernos un poquito mejor, para querernos un poquito más intensamente y para desearnos con más fuerza, porque a nosotras, aunque no se nos note, nos encantáis.

“Que todas las noches sean noches de boda, que todas las lunes sean lunas de miel.”

Ravé.

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Las chicas son magníficas

Despertarse con reflexiones como éstas hace que hoy el cielo sea menos gris.

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Hay dos tipos de mujeres, diosas y porteras – Pablo Picasso

Aunque parezca inaudito, durante estas últimas semanas ha habido un tema recurrente en las conversaciones con mis amigos y no, no ha girado en torno al curioso fenómeno culinario por el que todas las cartas de restaurantes españoles adornan sus platos con una reducción de Pedro Ximémez. Es un dato interesante, pero no. Lo siento.

Nuestro tema de conversación ha girado en torno a las mujeres. Lo sé, os he sorprendido. Esto sí que no os lo esperabais.

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La primera conclusión de la reunión ha sido que debemos montar un bar, que es un negocio en el que nadie ha pensado aún y que, llevado por nosotros, mentes serenas y poco dadas a los excesos, nos proporcionaría una ingente cantidad de beneficios. Barajamos también la (totalmente improbable) posibilidad de fracaso, pero tampoco le dedicamos más tiempo del que tardamos…

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NO SE ME QUEJEN

Por Dios, no sean exagerados.

Sigan con lo suyo, sigan disfrutando de los chascarrillos de toreros, de los líos de faldas de presidentes extranjeros, de la liga del Madrid, del Barça, y éste año, del Atleti también. De balones dorados, de la ley del aborto, del frío que viene por Galicia en forma de frente helado, de lo bien que se está al solecito y de cómo podrían vivir en Finlandia o Estonia si anochece a las tres de la tarde.

Sigan pensando el ya recurrente “que hagan lo que quieran, pero que las cañas con los amigos no me las toquen”, porque al final, y por desgracia, es lo que acaba calando en el 90% de las cabezas “pensantes” de este país. Y, pensándolo fríamente, puedo llegar a la conclusión de que tenemos lo que nos merecemos.

¿Por qué?, porque la gente sólo se indigna un “ratito”, el que dura el scrolling de El País o los 30 minutos que puede llegar a durar El Intermedio o Salvados, pero acto seguido empiezan partidos de Champions, películas de Hollywood o las teleseries infames de novelas mediocres. Parece que todo lo que viene después, aun suponiendo un cambio radical de parecer, nos haga reafirmarnos en el sentimiento de conformismo y, si el partido es bueno y gana el Madrid, hasta de optimismo. Sinceramente así no se puede.

Yo soy sólo un lumbreras que empieza a mirar por detrás del espejo de esa realidad que un día, de pequeños, nos contaron. Y llegué a ésta conclusión hace bastante tiempo. No digo que los mandamases de éste, nuestro peculiar país, sean unos pitagorines, pero son lo suficientemente inteligentes como para darse cuenta de ésta, la Nuestra, idiosincrasia.

Es por eso por lo que campan a sus anchas, (por eso y por la mayoría absoluta entre otras), regalando indultos de prisión, estableciendo leyes que favorezcan movimientos de capital a paraísos fiscales (ya no sólo físicos, si no también jurídicos) para después condenarlos entre dientes, burlándose de la gente con dos dedos de frente.

Véase la yuxtaposición de los casos de las preferentes de Bankia o NCG y la Infanta Cristina, acusando a jueces de corruptelas personales (brillante argumento, Señoría) por meter en la cárcel a un chorizo trajeado, generando cortinas de humo de leyes de tres al cuarto, que nos harán volver a tiempos del Medievo, mientras los mismos que las promulgan se encuentran destruyendo documentos al más puro estilo Al Capone, haciendo de entidades bancarias un cortijo en plena Plaza de Castilla, de la Marca España una pantomima y del país en el que vivimos una pandereta, que ya tiene el pergamino rasgado y no le quedan apenas sonajas.

Y sí, es duro decirlo, pero los culpables sois vosotros, porque haríais (y de hecho hacéis, aunque a menor escala) lo mismo que hacen estos mega-cracks de la avellana, realizando pagos en B para no declarar el IVA, pagando facturas bajo cuerda y un largo etcétera de chanchullos de andar por casa. El cambio, o el optimismo que podamos afrontar, porque una señora que se haya pasado con los rayos uva y presidenta del FMI lo afirme, será sólo pasajero, porque la base no cambia. Porque la gente no cambia (de momento) y no explota hasta que no le van a tirar la casa o no le da para comprarse una tele (a ver si no cómo me entero de quién juega esta noche).

Dicho lo cual, sólo puedo recomendar que todo éste 90% se mire al ombligo y deje de tomar lo que esté tomando para mantenerse sin hacer nada y dejar que todo siga como está. O directamente, Señores, reconozcan sus errores. Échense a un lado y dejen hacer otra cosa distinta. La suya no funciona y empieza a oler. Dejen de creer que su experiencia es un grado, que siempre tienen razón y que no sabemos cómo funciona el mundo. Al menos sabemos cómo no tiene que funcionar.

Creeréis que soy un iluso, pero ésto es una propuesta, y las propuestas pueden ser utópicas. De sobra conozco que sólo los que se quedan calentando silla, lamiendo culos y diciendo a todo que sí son los que van a llegar a manipular el sistema a su antojo. Por lo que, por muy bonito que sea el anuncio de Campofrío, quizás no sea tan disparatado hacerse extranjero…Fin de la cita.

D.

 

 

He aquí la reflexión de uno de esos amigos que, más que amigos, son hermanos. Espero que la hayáis disfrutado tanto como yo.

 

Ravé.

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Siempre falta algo.

Una amiga de Jerez me dijo una vez que, según su madre, “las personas inteligentes nunca llegarán a ser totalmente felices”. Que alguien que piensa en todo demasiado nunca llega a conformarse con nada. Que siempre le falta algo. 

Mi madre también lo dice. Su frase “siempre te falta algo” me viene a la cabeza cada vez que ésta sensación aparece y se queda a vivir en la boca de mi estomago. Es ese lugar, justo encima de esternón, dónde siento la angustia de saber que jamás seré plenamente feliz con nada. A veces creo que esa constante insatisfacción va a acabar conmigo. 

He vivido siempre queriendo algo más y nunca he sabido bien que era. En los últimos años he viajado, conocido gente, y aun así me angustia la idea de que no me va a dar tiempo a ver todos los sitios en los que quiero estar, ni a conocer a todas las personas que quisiera conocer. Es una idea tan absurda como agobiante.

Hay gente que se conforma con tener una vida “normal”. La mayoría de las personas quieren lo “normal”: acabar la carrera, casarse, tener hijos, una hipoteca, y como mucho, ahorrar lo suficiente como para tener una casita en la playa. Puede que cuanto más pequeña sea tu zona de confort más feliz seas. Puede que la felicidad se encuentre en la sencillez. No lo se. 

A veces me pregunto si de verdad yo quiero eso. Una parte de mi se muere por acabar la carrera y tener un buen trabajo. Supongamos que con buen trabajo nos referimos a un trabajo medianamente relacionado con lo que hemos estudiado y que no nos lleve más de 12 horas diarias delante del ordenador. Un buen trabajo, un trabajo estable. Creo que, inevitablemente, me dirijo hacia lo “normal” como una polilla hacia la luz y lo único que siento es vértigo.

Estos últimos años he viajado todo lo que he podido. He visto Manhattan, Amsterdam, Londres, Bélgica, Praga, Roma, París un par de veces, Helsinki, Munich… y siempre quiero más. Nunca es suficiente. Nunca soy plenamente feliz con lo que tengo porque siempre quiero ir un poquito más allá. Un poquito más lejos. No se si es por curiosidad, porque en el fondo necesito huir de lo “normal” o si es que simplemente soy una niña caprichosa que no se conforma con nada. Tampoco lo se. Sólo se que cada vez que llego a casa me invade esa sensación de querer volver a irme. 

Las personas inconformistas nunca están agusto del todo, siempre tienen una insatisfacción por cubrir, un sitio al que necesitan ir o el anhelo de encontrar a esa persona perfecta. Pero siempre hay algo que no tienen. A lo mejor la esencia de los aventureros, de los que siempre necesitan experimentar cosas nuevas reside en eso justamente, en que siempre les falta una pieza para completar su puzzle. 

No tengo muy claro lo que quiero en la vida, ni hacia dónde me dirijo. Pero sí se que me queda mucho mundo por ver y que ese hueco que tengo en la boca del estómago en el que vive mi constante insatisfacción se llenará antes o después. O quizás no.

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